Cuando el petróleo decide el relato

13.01.2026

El petróleo no solo mueve economías. También impone relatos, tutelas y silencios. Una reflexión desde la geopolítica y lo humano.

La imagen que acompaña este texto no es solo un gráfico. Es un mapa del ruido, del dolor y de las tensiones que atraviesan hoy el mundo.

Según datos de Bloomberg y otras fuentes internacionales, las mayores reservas probadas de petróleo se concentran en unos pocos países: Venezuela, Arabia Saudí, Irán, Irak, Emiratos, Kuwait, Rusia. No es una lista inocente. Casi siempre es una lista de territorios bajo presión, conflicto o tutela.

Las cifras son conocidas.
Lo que no siempre se dice es qué implica estar dentro de ese cuadro.

Irán, con más de 200.000 millones de barriles, es la tercera mayor reserva del mundo. Venezuela, la primera. Y ambas comparten algo más que petróleo: sanciones, injerencias, discursos de fuerza y una población que rara vez decide sobre lo que hay bajo sus pies.

Y entonces surge una pregunta incómoda, pero necesaria:

¿Qué habría pasado si ese petróleo hubiera aparecido aquí?
En Canarias.

Una pregunta que no es ficción

Entre 2011 y 2015, bajo el gobierno del Partido Popular y con José Manuel Soria como ministro de Industria, se impulsaron prospecciones petroleras frente a las costas canarias a través de Repsol. Hubo permisos, informes, resistencia social y una oposición casi unánime en las islas.

Finalmente, no se encontró petróleo y el proyecto se abandonó.

Hoy, con la perspectiva que dan los acontecimientos recientes, cuesta no pensar que esa ausencia fue también una forma de protección.

Porque si el petróleo hubiera aparecido, Canarias habría entrado automáticamente en otro tablero. No solo económico. Geopolítico.

Un territorio estratégico, a media hora de Rabat, en el cruce de rutas atlánticas, con recursos energéticos. Un lugar pequeño, pero demasiado valioso como para decidir por sí mismo. Madrid a tres horas en avión. Bruselas aún más lejos. Pero el poder, cuando huele petróleo, no mide en kilómetros: mide en intereses.

El espejismo del ascensor social

A menudo se dice que el petróleo trae progreso, empleo, riqueza. A veces ocurre. Muchas otras no.
Lo que sí trae casi siempre es dependencia, conflicto y una aceleración desigual del poder.

El ascensor social no se mueve al mismo ritmo para todos.
Para unos, despega.
Para otros, se retrasa semanas, generaciones.

Y cuando eso sucede, la democracia empieza a hablar bajo. Muy bajo.

Lo que no aparece en los gráficos

Los gráficos no muestran protestas, ni fracturas sociales, ni territorios tensionados.
No muestran a la gente que sigue viviendo igual mientras otros negocian su futuro en despachos lejanos.

Por eso esta imagen no habla solo de petróleo.
Habla de quién decide,
de quién paga,
y de quién queda fuera del relato.

Tal vez que Canarias no esté hoy en ese gráfico no sea un fracaso histórico.
Tal vez sea una forma silenciosa de haber evitado algo peor.

Quizá el mayor privilegio de no estar en ese cuadro no sea económico, sino humano. No tener que convertir el territorio en moneda. No tener que aprender a vivir bajo tutela. No tener que justificar cada decisión en nombre de una riqueza que nunca llega a todos.

El petróleo ordena mapas, pero desordena vidas. Y cuando entra en escena, la democracia suele bajar la voz mientras el poder sube el tono.

Por eso conviene mirar estas imágenes con distancia. No para negar la realidad, sino para entender qué tipo de mundo estamos normalizando. Uno donde los recursos pesan más que las personas y donde la fuerza vuelve a presentarse como argumento.

Escribir en voz baja no cambia el mundo.
Pero ayuda a no aceptar cualquier relato como inevitable.

Y eso, hoy, ya es una forma de resistencia tranquila.

Este texto forma parte del espacio Geopolítica y poder global, donde intento mirar el poder más allá del ruido y los relatos oficiales.

— José
En Voz Baja · enero de 2026