🪟 Ventana 3: Cornellà del Terri

 Adolescencia y despertar (1970–1976)

El 18 de julio de 1970, apenas cuatro días después de cumplir catorce años, dejamos Vall-llobrega y nos mudamos a Cornellà del Terri. Al día siguiente, mi padre, mi hermana Antonia y yo comenzamos a trabajar en CICOSA, un matadero frigorífico cercano.


Ese cambio no fue solo geográfico. Fue el final de la infancia… y el comienzo de otra vida.

La adolescencia me llegó con un petate al hombro y la piel aún con polvo del sur.


Cornellà fue la tercera estación de mi vida. Llegué con 14 años y regresé con 69, en otro julio, buscando respuestas que solo el silencio de los cementerios sabe ofrecer.

Aquí no nací, pero sí desperté: al trabajo, al deseo, al miedo y a la dignidad.


Cargué cajas de ajos. Crucé pueblos en bicicleta. Descubrí el vértigo de crecer sin permiso.

Viví mis primeros temblores amorosos… y también las primeras despedidas.


Esta ventana recoge todo eso:

las noches en el Club Blau, las jornadas en el matadero, las rutas entre Palol, Vilafreser o Medinyà, las voces que ya no están.

Y también el viaje de regreso más de medio siglo después, cuando por fin me atreví a decir —con lágrimas— lo que no supe decir con palabras.


Cornellà del Terri no fue solo un lugar donde viví. Fue el lugar donde empecé a entender quién era. Y también donde nació, en silencio, la necesidad de mirar más lejos.


Cornellà fue también el lugar donde vivieron mis padres hasta su muerte. Volví muchas veces, hasta que en 1993 me marché a Tenerife, dejando allí no solo recuerdos, sino la última casa de mi familia.

Historia y el latido

Aquí trabajé en el matadero, recorrí pueblos en bicicleta, viví mis primeros temblores amorosos y comencé a entender quién era.

Pero Cornellà del Terri no se quedó solo en mi adolescencia.

Después de aquellos años, la vida me llevó por otros caminos… y aun así he vuelto muchas veces. Y en cada regreso, algo en mí se removía: una mirada distinta, una emoción nueva, una conversación pendiente.


En este espacio iré incluyendo artículos relacionados con el pueblo, escritos desde distintos momentos y emociones.


📖 Artículos ya publicados:

👉 14 de julio los números que arden por dentro (Un relato íntimo sobre la despedida a mis padres, más de medio siglo después.)

👉 Cornellà del Terri sigue latiendo — y yo vuelvo para escucharlo

(Una crónica sentimental de regresos, ajos, abrazos y memorias compartidas.)



Contexto histórico · Cornellà del Terri · 1970–1973

Cornellà del Terri fue el lugar donde dejé de ser un niño. Tenía entre 14 y 17 años. La edad en que uno empieza a preguntarse qué va a hacer con su vida. Y España, justo en ese momento, también se estaba preguntando lo mismo.

Un municipio interior con 1.100 personas

Cornellà del Terri tenía alrededor de 1.100 habitantes. Sin la efervescencia de la Costa Brava. Un lugar más tranquilo, más interior, con su carácter propio. Cerca de Banyoles y de Girona, lo que abría algunas posibilidades. Pero seguía siendo un lugar pequeño, con una economía de agricultura, pequeña industria y comercio local.

Habitantes de Cornellà del Terri (1970) → ~1.100

SMI en 1970 → 70 pesetas/día

SMI en 1973 → 100 pesetas/día

Los salarios subían. Los precios también.

Entre 1970 y 1973 el Salario Mínimo pasó de 70 a 100 pesetas diarias. Suena bien. Pero la inflación se comía la diferencia. Y en octubre de 1973 llegó la crisis del petróleo. De un día para otro, los precios de todo subieron: el combustible, el transporte, la comida. Lo que parecía un avance se convirtió en incertidumbre.

Ese fue el final del llamado milagro económico. El modelo que había impulsado el desarrollo de los años sesenta empezaba a romperse. Y muchos jóvenes como yo empezamos a mirar hacia afuera.

Una sociedad que empezaba a moverse

España entraba en los últimos años de la dictadura. El Proceso de Burgos en 1970, el asesinato de Carrero Blanco en 1973. La tensión política se notaba. Las huelgas aumentaban. Los jóvenes de mi generación crecíamos en un país que cambiaba sin saber todavía hacia dónde iba.

En Cataluña se escuchaba la Nova Cançó. Una forma de resistencia cultural que llegaba a través de la música. Yo la escuchaba sin entender del todo lo que significaba. Pero algo se percibía en el ambiente. Algo estaba a punto de cambiar.

Esperanza de vida hacia 1973 → ~72 años

Mortalidad infantil → 20–24 por 1.000 nacidos vivos

Por qué cuento todo esto

Porque mis años en Cornellà fueron los años en que tuve que decidir. Y las decisiones se toman siempre dentro de un contexto. El contexto era ese: un país agotando su modelo económico, una familia trabajadora sin muchas opciones, y Europa al otro lado de los Pirineos como una posibilidad que cada vez sonaba más real.

Colección · Ventanas de Luz

Una vida en movimiento

Crónicas de memoria, raíces y lugares que nos sostienen.