Cuando el símbolo se queda sin mundo

18.01.2026

Domingo, 18 de enero de 2026

Hay diagnósticos que no se formulan solo con datos ni con grandes discursos.
A veces se revelan en una imagen.

Una dirigente que entrega una medalla simbólica.
Un líder que sonríe, posa y acepta el gesto.
Un marco solemne, un escenario cuidado, una escena pensada para transmitir fuerza, legitimidad y destino compartido.

Y, sin embargo, lo que transmite es otra cosa.

Ella parece haberse quedado colgada de una promesa que ya no decide nada.
Él necesita aparecer en todas partes, incluso cuando el gesto pesa más que la realidad.
Demasiada escenografía para tan poco contenido.

No es una cuestión personal. Es el tiempo que habitamos.
Un tiempo en el que el mundo desconfía de los líderes, de los símbolos grandilocuentes y de las soluciones simples. Lo dicen las encuestas, lo sugieren los hechos y lo confirman imágenes como esta.

Cuando el poder se reduce a gesto, el símbolo deja de convencer y empieza a resultar incómodo.
Porque la gente intuye que ahí no hay proyecto, solo relato.
No hay horizonte, solo pose.

Esta escena no inspira respeto ni esperanza.
Transmite algo más inquietante: la distancia creciente entre quienes representan y quienes viven.

Y cuando el símbolo se vuelve patético no es por burla,
sino porque ya no conecta con nadie.

Este texto dialoga con una reflexión anterior publicada en este mismo espacio:

👉 El mundo que ya no juega limpio


Una mirada sobre un tablero global sin árbitros, sin reglas estables y sin memoria, donde el interés pesa más que el derecho y el espectáculo sustituye a la política.

Ambos textos hablan de lo mismo desde ángulos distintos:
de un mundo donde las normas se diluyen,
donde los gestos sustituyen a las decisiones,
y donde el poder se representa cada vez más… pero se explica cada vez menos.

— José


En Voz Baja- Enero 2026

Este texto forma parte del espacio Geopolítica y poder global.