El bombero pirómano

13.03.2026
Ilustración del bombero pirómano: quién provoca el incendio y luego lo apaga, reflexión sobre el poder y la manipulación
Ilustración del bombero pirómano: quién provoca el incendio y luego lo apaga, reflexión sobre el poder y la manipulación

Cuando quien provoca el incendio termina pareciendo imprescindible

Hoy, leyendo las noticias y sintiendo una verdadera impotencia ante lo que ocurre en el mundo, mientras discutía con un amigo me vino a la cabeza una imagen: el bombero pirómano.

Hay una figura que aparece una y otra vez en la política, en la empresa y, en general, en cualquier espacio donde hay poder.

Es el bombero pirómano.

Es quien prende la mecha y después aparece con la manguera.

Quien provoca el incendio y más tarde se presenta como el único capaz de apagarlo.

Y lo hace con una habilidad casi perfecta.

Cuando llega el momento de apagar el fuego, todo el mundo aplaude su intervención.

Pocos se detienen a mirar quién encendió la primera chispa.

En la vida pública ocurre con frecuencia.

Se generan tensiones que podían haberse evitado.

Se toman decisiones que empujan las cosas hacia el conflicto.

Se alimenta un problema hasta que se vuelve peligroso.

Y cuando la situación se vuelve insostenible, aparece la solución de urgencia.

Entonces el relato cambia.

El foco ya no está en el origen del incendio, sino en la eficacia del bombero.

El problema es que ese pequeño gesto inicial, prender la mecha, suele tener consecuencias que ya no se pueden deshacer.

En política internacional lo vemos con frecuencia.

En economía también.

Y en las empresas no es raro encontrar estrategias que primero generan el problema para luego justificar la solución.

El bombero pirómano siempre tiene una ventaja: controla el relato.

Por eso casi nunca se hace el balance completo del daño causado.

Se mide el incendio que se apagó,

pero no el bosque que se quemó antes.

Y quizá por eso el bombero pirómano siempre parece imprescindible.

— En voz baja