De Trump a Carlos Baute: cómo el espectáculo nos tapó lo importante
Hoy, un mes después del inicio de la guerra en Irán, ya se empiezan a ver sus efectos en la economía europea. La inflación en España ha subido al 3,3% en marzo, impulsada por el encarecimiento de la energía y los carburantes.
Pero el problema no es solo económico. Es también cómo llegamos hasta aquí: entre ruido político, espectáculo mediático y una conversación pública que dejó de mirar lo importante.
El 28 de febrero de 2026, EE.UU. e Israel lanzaron su ofensiva contra Irán. Donald Trump la presentó como una operación rápida. La realidad ha sido otra: el conflicto sigue abierto, el régimen iraní no ha caído y la factura ya ha llegado a Europa en forma de energía más cara, inflación y más incertidumbre económica.
Lo inquietante no es solo la guerra. Es cómo llegamos hasta aquí.
Antes de los misiles ya estaba montado el escenario. En enero, el debate público se llenó de Groenlandia, aranceles, gasto militar y gestos de fuerza. Trump anunció un recargo del 10% a Europa a partir del 1 de febrero y amenazó con elevarlo al 25% desde el 1 de junio. No era una anécdota comercial. Era una forma de gobernar el mundo a golpe de presión, ruido y exhibición.
El ruido antes de la guerra
En ese mismo clima llegó también el espectáculo menor, pero no inocente.

Carlos Baute se sumó al vídeo viral sobre "dónde están ahora los comunistas" tras la captura de Maduro. Fran Rivera y Vito Quiles alentaron en redes mensajes parecidos contra Sánchez, tratando la política como si fuera una cacería o un meme. No digo que ellos provocaran una guerra. Digo algo más simple y más preocupante: ayudaron a normalizar un ambiente donde señalar, simplificar y convertirlo todo en espectáculo parecía aceptable.
Y mientras tanto, lo importante avanzaba.
Se reforzaba la lógica del enfrentamiento.
Se normalizaban las operaciones de fuerza.
Se aceptaba, casi sin debate, que el mundo entraba en una nueva fase de presión militar, comercial y energética.
El impacto real: inflación y energía
Hoy ya vemos el resultado. El IPC adelantado de marzo en España ha subido al 3,3%, sobre todo por carburantes y energía. El Banco de España advierte de que, si el conflicto se agrava, la inflación podría acercarse al 6% y el crecimiento resentirse con claridad. Lo que parecía geopolítica lejana ha entrado ya en la gasolinera, en la factura de la luz y en la cesta de la compra.
Ese es el verdadero problema.
El impacto económico de la guerra en Irán ya se traduce en más inflación en España y en un aumento del precio de la energía.
No solo que nos distraigan.
Sino que acabemos acostumbrándonos a que nos distraigan.
Un meme no decide una guerra.
Una canción viral no mueve un portaaviones.
Pero el ruido sí ayuda a que dejemos de hacer las preguntas necesarias cuando todavía estamos a tiempo.
¿Para qué servían los aranceles?
¿Para qué servía tanta sobreactuación?
¿Para qué servía convertir Groenlandia, Venezuela o la Moncloa en parte del mismo espectáculo?
Tal vez para eso mismo: para que, cuando llegara lo serio, ya estuviéramos entrenados para mirar a otro lado.
En Voz Baja no está para seguir el circo.
Está para recordar algo más incómodo:
cuando el espectáculo ocupa todo el espacio, alguien decide por nosotros.
Y nosotros solo lo notamos cuando llega la factura.