Juan Dorta, el gomero
Juan es nieto de José Chinea Dorta, un hombre que emigró a Cuba y que supo vivir sin perder la raíz. Tenía el don de escribir décimas como quien conversa. No para lucirse, sino para decir lo que dolía o lo que alegraba.

Ese don lo heredó su nieto.
A Juan Dorta lo conocí hace bastantes años. Yo era entonces el marido de la directora. Él, profesor de Educación. Decían de él que era el maestro al que le dabas una semilla y te devolvía un huerto. Esa imagen lo define mejor que cualquier currículum. Enseñaba como quien cultiva. Sin ruido. Con paciencia.
Con el tiempo fui descubriendo otras facetas. Las chácaras, la guitarra, el canto. Y esas décimas que dedicaba a compañeros y alumnos, siempre ajustadas al momento, siempre con esa mezcla de ironía y ternura que no se aprende en ninguna universidad.
La tradición que no se jubila.
La vida nos movió de sitio.
Él se jubiló.
Yo dejé los presupuestos y las hojas de cálculo para volver a las letras.
Ahora ocurre algo curioso. Yo subo una imagen, escribo una frase. Y, casi sin avisar, Juan responde con una décima. Como si la tradición oral encontrará su sitio en una pantalla de móvil. Como si el pasado y el presente se dieran la mano sin pedir permiso.
Esta semana el contexto era otro. Se habla de que el Teide está intranquilo, que la cámara magmática envía señales. Y Juan, desde su sensibilidad, tituló: "El bloqueo americano".
Ahí están sus versos. Duros en la primera décima. Esperanzados en la segunda.
No entro aquí en el debate geopolítico. No simplifico lo complejo. Cuba no cabe en diez versos ni en una consigna. Pero sí reconozco algo: la capacidad de un hombre para convertir una noticia en poesía popular, para mirar a una isla lejana y traerla al patio de casa.
Eso no es poco.
Creo, sinceramente, que en ese intercambio espontáneo hay un libro. No por ambición editorial, sino por memoria. Porque la décima, cuando nace del momento y del afecto, es un archivo vivo.
Y en tiempos de ruido, que alguien responda con versos medidos es casi un acto de resistencia.
Juan, el gomero, sigue sembrando.
Y algunos tenemos la suerte de verlo crecer.
Décimas en tiempos de ruido
"¡El bloqueo americano!"
Y escribió:
Décima 1
Cuba gime en la penumbra
sin corriente ni esperanza,
la noche larga se afianza
y el dolor nadie lo alumbra.
La calle hedionda se encumbra
con basura y desconsuelo,
un trozo de pan o un hielo,
sin petróleo de alumbrarte,
y el mundo mira a otra parte
sin abrazar su desvelo.
Décima 2
No hay sombra que eternamente
pueda apagar la mañana,
ni cadena soberana
que sujete al pueblo ardiente.
Aunque el hambre esté presente
y la luz sea un clamor,
se convierte en un dolor
de la isla que no cede,
cuando la dignidad puede,
hay un pueblo luchador.
J. D.
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