Cayó el mito
La cara de Florentino Pérez al salir a la rueda de prensa que él mismo había convocado no era la de un presidente fuerte. Era la de un hombre que, de pronto, parecía haber perdido el cielo que se le había concedido durante más de veinte años.
Durante mucho tiempo fue el hombre del traje blanco: el que estaba por encima del bien y del mal, el que hacía y deshacía en los despachos, el que parecía caminar siempre un paso por delante de todos.
Pero aquella comparecencia lo cambió todo.
Su cara era un poema. En ella se veía algo más que enfado: había cansancio, desconcierto y una tristeza difícil de disimular. Y cuando habló, quizá dijo más de lo que convenía.
De golpe, el hombre del traje blanco se convirtió en el hombre del traje gris.
No transmitió autoridad. Transmitió tristeza. Transmitió cansancio. Transmitió una vergüenza contenida.
Y quizá eso fue lo más impactante: no cayó solo un presidente cuestionado. Cayó una imagen. Cayó el mito. Cayó esa sensación de impunidad que durante años pareció acompañarlo.
Pero cayó también algo más importante: la elegancia.
Cayó el saber estar. Ese que debería acompañar siempre a quien representa a un club que presume de señorío y que, al fin y al cabo, se dedica al deporte.
Porque a veces el poder no se rompe con una derrota.
Se rompe cuando todos ven, por fin, que también podía romperse.
Y me pregunto: ¿no se estará cayendo también una forma de hacer?
José Moreno Robledillo - mayo 2026