Extremadura: el tablero y el territorio

08.03.2026

El dato que no se puede ignorar

Hace unas semanas escribí que a Extremadura le habían robado el sosiego.

No era una frase literaria. Era una sensación que se respiraba en el ambiente. La política, que durante años había sido previsible y tranquila en esta tierra, empezaba a parecerse demasiado a un campo de batalla permanente.

Después apareció un dato todavía más inquietante.

Más del 60 % de los ciudadanos llamados a votar decidió quedarse en casa.

En cualquier democracia la abstención existe. Pero cuando supera con claridad la mitad del electorado deja de ser un detalle estadístico. Se convierte en una pregunta política de primer orden:

¿Qué está pasando para que tanta gente sienta que su voto ya no sirve para nada?

La política del tablero

Mientras esa pregunta sigue flotando en el aire, el mapa político se mueve. Los resultados electorales dejaron un parlamento fragmentado. Nadie tiene mayoría suficiente y el gobierno depende de acuerdos que no terminan de llegar.

Estos días volvemos a ver el mismo escenario. La investidura de María Guardiola sigue en el aire. Los partidos negocian. Se discuten posiciones, abstenciones posibles, exigencias, equilibrios.

Pero hay algo llamativo en todo este proceso.

Extremadura apenas aparece en el debate.

Se habla de pactos, de estrategias, de líneas rojas. Se habla de quién gana y quién pierde la partida. Sin embargo, cuesta encontrar una conversación seria sobre el futuro del territorio que se pretende gobernar.

El territorio que espera

Mientras la política discute, la realidad sigue su camino.

Extremadura continúa siendo una de las regiones con menor renta media del país. Su población envejece más rápido que la media nacional. Durante décadas muchos jóvenes han tenido que marcharse para encontrar trabajo en otros lugares.

Nada de esto es nuevo. Forma parte de la historia reciente de la región. Pero lo preocupante no es la existencia de estos problemas. Lo preocupante es la sensación de que ya casi no forman parte del centro del debate público.

El mapa político cambia. Los equilibrios parlamentarios se vuelven más complejos. Las estrategias se refinan.

Y mientras tanto, el territorio espera.

La pregunta que queda

Tal vez esa distancia explique también el silencio de muchos ciudadanos. Cuando una parte tan grande de la sociedad decide no participar, quizá no esté diciendo que todo le da igual. Tal vez esté diciendo algo distinto: que no se reconoce en lo que está viendo.

La democracia no se debilita solo cuando alguien la ataca desde fuera. También se debilita cuando la conversación pública se aleja demasiado de la vida real de las personas.

Extremadura no necesita únicamente gobiernos. Necesita proyecto.

Necesita una conversación política que vuelva a mirar al territorio, a sus pueblos, a sus jóvenes, a su capacidad de crear futuro.

Porque un país puede crecer en los mapas.

Pero si pierde el pulso de sus territorios, algo esencial empieza a desangrarse.

— José

— en voz baja

Reflexionar antes de reaccionar también es una forma de participación.