Cuando más del 60 % se queda en casa

02.02.2026

Abstención récord, ruido político y una pregunta incómoda: qué pasa cuando una mayoría decide no participar.

El silencio del 62 %

Después de escribir El día que nos robaron el sosiego, no puedo dejar de hacerme una pregunta sencilla: ¿qué pensará la gente que se quedó en casa? Más del 62 % de los extremeños llamados a votar el 21 de diciembre de 2025 decidieron no hacerlo. Fue la abstención más alta de la historia democrática de la región.

Tal vez hoy se pregunten para qué había que ir a votar si, al final, lo que parecía importar de verdad no era Extremadura, sino dejar ciego a Pedro Sánchez, aunque de paso uno se quede tuerto.

Desde fuera se ve algo claro: al pueblo llano de Extremadura le esperan, probablemente, más años de lo mismo. Marginalidad tranquila, silenciosa, sin titulares.

Las causas profundas del desencanto

Mientras los focos iluminaban un supuesto fraude de 124 votos —que reaparecieron el día de las urnas—, quedaban a oscuras las causas profundas del desencanto: la sensación de que, voten o no voten, esta tierra seguirá siendo tratada como variable de ajuste en estrategias nacionales.

No por desinterés, sino por un cansancio acumulado tras décadas de promesas que nunca llegaron a los pueblos que se vacían. Extremadura conoce bien esa sensación: casi el 85 % de sus municipios pierden población y uno de cada cuatro habitantes vive en riesgo de pobreza.

El verdadero robo del sosiego no fue el de unos sobres en una oficina de Correos, sino el de la esperanza cotidiana.

El coste de no ir

Siete millones de euros gastados en unas elecciones anticipadas, convocadas para desbloquear una situación política, y el resultado es un escenario aún más fragmentado. Mientras en Madrid las negociaciones se alargan sin horizonte claro, aquí seguimos esperando que alguien mire hacia Extremadura sin usarla como moneda de cambio.

El coste material ya lo conocemos. El coste moral, aún no lo hemos contabilizado.

«El voto del jornalero extremeño vale exactamente lo mismo que el del banquero madrileño. Y renunciar a eso siempre deja un hueco peligroso. Un hueco que otros llenarán por nosotros.»

Votar es lo único que nos iguala de verdad

Yo no comparto la decisión de quedarse en casa. Para mí, votar no es una opción secundaria. Es lo único que nos iguala de verdad. Y renunciar a eso, aunque se entienda el cansancio —y yo lo entiendo, nacido en una España donde el voto no era libre—, siempre deja un hueco peligroso.

Un hueco que otros llenarán por nosotros. Y eso, en voz baja, también debería preocuparnos.


— José | en voz baja · 2 de febrero de 2026


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