La prueba del espejo

22.05.2026

Durante años me hicieron creer que vivíamos en una dictadura.

Que Pedro Sánchez era un autócrata. Que España era un narcoestado. Que la justicia estaba secuestrada. Que los jueces obedecían órdenes políticas. Que la democracia había muerto.

Lo escuché tantas veces que terminé creyéndolo.

Lo repetían tertulianos, periodistas, políticos y agitadores profesionales cada día. Ana Rosa por la mañana. Iker Jiménez por la noche. Twitter ardiendo. WhatsApp lleno de vídeos apocalípticos. España rota. La libertad en peligro. El dictador Sánchez.

Y mientras tanto, la realidad seguía otro camino.

Su esposa investigada. Su hermano imputado. El fiscal general sentado ante un juez. Ministros señalados. Y ahora un expresidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por la Audiencia Nacional, con cuentas bloqueadas por orden judicial.

Y entonces algo dentro de mí hizo clic.

Porque las dictaduras no funcionan así.

En las dictaduras, los jueces no investigan al entorno del poder. En las dictaduras, la prensa crítica no emite cada día durante horas. En las dictaduras, los insultos al presidente no llenan platós, portadas y redes sociales sin consecuencias. En las dictaduras, el miedo no lo tiene el Gobierno: lo tiene el ciudadano.

España tiene problemas. Muchos. Corrupción. Polarización. Fanatismo político. Manipulación mediática. Odio organizado.

Pero una democracia enferma no es una dictadura.

Y quizá el daño más profundo que han hecho algunos comunicadores no ha sido atacar a Pedro Sánchez. Ha sido rompernos por dentro. Sembrar una sensación permanente de miedo, rabia y odio. Hacer que millones de personas acabáramos viendo monstruos incluso donde seguían funcionando las instituciones.

Yo también caí. Yo también odié. Yo también pensé que estábamos al borde del abismo.

Y hoy, viendo cómo un juez puede investigar incluso a un expresidente del PSOE, solo puedo decir algo que jamás pensé que diría: me equivoqué. No porque Sánchez sea perfecto. Sino porque terminé creyendo una caricatura construida para alimentar nuestra rabia.

Y quizá esa sea la verdadera prueba del espejo: atreverse a reconocer que el odio también puede manipularnos a nosotros.

Eso no me hace menos crítico. Me hace, simplemente, más libre.

En Voz Baja

José Moreno Robledillo - mayo 2026

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