Domingo, 8 de noviembre.

08.11.2026
Rama de olivo con aceitunas verdes y moradas, a punto para la cosecha
Foto: Veinticuatro de Jahén, «Picual, envero 24J 02», recortada, vía Wikimedia Commons⁠, CC BY-SA 4.0⁠

Hoy leo la prensa y me cuesta quedarme en ella. Los mismos nombres, que esta mañana no me apetece nombrar, y Madrid ocupándolo casi todo: lo que pasa, lo que va a pasar y lo que pasaría si unos u otros hicieran o dejaran de hacer.

Estoy cansado de esas noticias generales que se repiten de un periódico a otro. A veces tengo la sensación de que se cuenta el país entero desde unas pocas calles, como si todos viviéramos pendientes de las mismas conversaciones. Y hay días en los que uno está en otra onda.

Quizá fue ese hastío el que me llevó, hace ya tiempo, a buscar noticias en las periferias. Hoy me he encontrado con una joya: Úbeda celebra este fin de semana la Fiesta del Primer Aceite de Jaén. Un centenar de empresas, 94 de ellas productoras de aceite de oliva virgen extra, mostrando sus productos y, con ellos, su trabajo.

Me habría gustado encontrar más espacio para esa noticia entre los titulares de esta mañana. Conocer a quienes están detrás de las botellas, escuchar cómo explican lo que producen y descubrir qué tiene de especial el aceite nuevo.

Canal Sur y los medios locales se han acercado a la celebración. Se agradece. En Andalucía, el olivar tiene una presencia y una cercanía que no se dan en todos los lugares. Por eso hace falta que esa información viaje, que despierte curiosidad fuera de la tierra que lo produce. Esos productores necesitan llegar a otras mesas, a otras cocinas y a quienes quizá nunca han pisado un olivar.

Me cuesta aceptar que parezca necesario pasar por Madrid para que algo adquiera importancia en todo el país. Como si hubiera que instalar allí las oficinas para estar representados y conseguir la atención de sus grandes redacciones para que nuestro trabajo se conozca.

También echo en falta que las cadenas autonómicas amplíen esa mirada, en lugar de reproducir tantas veces las mismas conversaciones nacionales. Tanto aquí como en Andalucía y en otras comunidades deberíamos prestar más atención a lo que nace lejos de los grandes escaparates.

He escuchado noticias sobre la decisión de almacenar temporalmente el 12 % de la producción de aceite para regular la oferta. Vi la información en la cadena autonómica de Canarias y la sensación que me dejó fue de alarma para los consumidores. Eché en falta los olivares, lo que significan para tantos pueblos y el trabajo de quienes necesitan vender lo que producen.

Me quedó la imagen de un Gobierno interviniendo el mercado y la preocupación por lo que acabaríamos pagando en el supermercado. En una conversación familiar apareció enseguida la reacción: «Ahora subirá el aceite».

Entiendo esa preocupación. Todos tenemos que hacer la compra y sabemos lo que pesa la suma de tantas subidas. Precisamente por eso importa cómo se cuenta una noticia y qué permanece después de escucharla.

Ese porcentaje tiene consecuencias para el sector y merece ser explicado. También nos toca a los ciudadanos no quedarnos con el titular: buscar, preguntar qué quiere decir ese 12 %, a quién afecta y qué hay detrás. A mí, esta mañana, me interesa conocer también lo que queda fuera de él.

Me quedé pensando en la distinta manera que tenemos de mirar unos productos y otros. A un buen vino le reconocemos su origen, la variedad de uva, la elaboración y los matices. Nos interesa saber de dónde viene y quién lo hace. Me gustaría que esa curiosidad acompañara también al aceite.

En mayo compré unas botellas en la cooperativa Nuestra Señora de la Cabeza, en Huesa, y las traje a Canarias. Desde entonces hemos utilizado aceite todos los días: en los desayunos, en las ensaladas y para cocinar. Cuando pienso en su coste, pienso también en todos esos meses de uso y disfrute.

El aceite de oliva virgen extra se obtiene de la aceituna mediante procedimientos mecánicos, sin refinado. Según la variedad y el momento de la cosecha, ofrece aromas y sabores diferentes. Puede recordar a la hierba, al tomate o a otros frutos. Merece la pena detenerse a olerlo y probarlo, igual que hacemos con otros alimentos que apreciamos.

También tiene valor por su composición, con predominio de grasas monoinsaturadas, y por su buen comportamiento en la cocina. Su estabilidad lo hace adecuado para freír, aunque cada reutilización lo deteriora y exige cuidar cómo se emplea. El precio de la botella cuenta; conocer sus cualidades y aprovecharla bien también.

Mi pensamiento vuelve entonces a Huesa, a aquel olor fuerte y penetrante de la cooperativa que todavía conservo en la memoria y a los capachos de esparto. Hay olores que permanecen aunque llevemos muchos años lejos.

Desde ese recuerdo pienso en tantos pueblos de España donde el olivar sostiene una parte importante de la economía y las alternativas de trabajo son limitadas. En los olivares centenarios, en las generaciones que han vivido pendientes de la aceituna y de la cosecha, y en quienes intentan que ese trabajo siga teniendo futuro.

Cuando hablamos de la España vaciada, también deberíamos mirar estas iniciativas. En Úbeda hay productores presentando lo que saben hacer, buscando compradores y oportunidades para continuar. Darles a conocer puede ayudar a que alguien descubra un aceite, pregunte por su procedencia y elija llevarlo a su casa. Detrás de esa compra hay trabajo y posibilidades de seguir viviendo en un pueblo.

No podemos reducir nuestra vida a lo que pasa por Madrid. Son nuestros pueblos y nuestras raíces. Creo que nuestros alcaldes, nuestros cabildos y nuestras diputaciones deben pelear por ellos, reclamar atención y abrir oportunidades.

La feria de Úbeda la organizan la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento. Ese es el camino, y merece encontrar eco más allá de la provincia.

Desde Canarias, hoy me siento un poco más cerca de Úbeda, de Huesa y de toda la gente que vive del olivar.

Mañana, cuando vuelva a echar aceite sobre el pan, una parte de mi pueblo seguirá acompañándome en el desayuno.

#envozbaja

En Voz Baja · José Moreno Robledillo

Un espacio para detenerse

Escribo sobre memoria, raíces y los lugares que nos definen. Sin urgencia. Sin trincheras. Con el tiempo que merecen las cosas.

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