El mapa engorda, el alma se desangra
Nota del autor (desde Canarias)
Escribo desde la distancia geográfica, pero no desde la ajenidad. Desde esta otra periferia del sur se ve con claridad un patrón que se repite en España: el olvido de lo concreto —el pueblo, el agua, la escuela— cuando el debate se eleva y se abstrae en Madrid.
Lo que le pasa a Aragón no es distinto de lo que late en el silencio de Extremadura, ni de lo que resuena en muchos territorios donde las urgencias locales se convierten en moneda de cambio para conflictos ajenos.
Este texto no es una arenga local ni una consigna electoral. Es una reflexión sobre un espejo en el que muchas comunidades pueden mirarse, si se atreven a hacerlo sin ruido.
Aragón: elegir entre ser o imitar (I)
paradoja y el modelo que no sirve
La paradoja aragonesa: crece en números, se desangra en alma
Aragón crece en los papeles: 1.364.621 habitantes en 2025, trece mil más que el año anterior. Pero los números mienten con elegancia burocrática. Zaragoza absorbió casi ocho mil de esas nuevas vidas; los pueblos pequeños, en cambio, perdieron mil ciento setenta y dos habitantes en cuatro años.
El setenta por ciento del territorio aragonés está ocupado por apenas el dos por ciento de su población. El noventa y seis por ciento de los municipios tienen menos de tres mil habitantes. Doscientos nueve no llegan al centenar de vecinos, un 45 % más que hace veinte años.
El mapa engorda; el alma se desangra.
Y mientras los políticos debaten si imitar el "modelo Madrid", nadie pregunta qué modelo quiere quien vive en Valdehorna, en Alcañiz o en Jaca. Lugares donde el silencio ya no es paz, sino abandono con nombre y apellidos.
2. El modelo de Madrid no es nuestra brújula (ni la de nadie)
Madrid crece un 1,8 % anual porque es capital: concentra ministerios, sedes, universidades globales.
Aragón pierde alrededor de cuatro mil habitantes al año en su medio rural porque es territorio: necesita médicos que no vengan solo un martes al mes, escuelas que no cierren por "inviabilidad" y trenes que pasen sin promesas para el próximo lustro.
Querer ser Madrid es como un olivo intentando ser palmera: ambos son árboles, pero uno necesita secano y el otro trópico.
Aragón no necesita imitar: necesita ser. Y ser implica decisiones concretas.
Un modelo del agua como derecho, no como mercancía. El Estatuto reconoce competencia exclusiva sobre las aguas que discurren íntegramente por el territorio. Pero mientras en Madrid se discuten trasvases como si el Ebro fuera un grifo del Estado, en el Bajo Aragón los regantes ven cómo el río se estrecha. No es recurso: es memoria. No es caudal: es identidad.
Un modelo de la escuela rural como futuro, no como gasto. Cerrar una escuela en un pueblo de ochenta y siete habitantes no es "racionalizar": es firmar su sentencia de muerte. Donde no hay niños, no hay futuro. Y donde no hay futuro, solo queda el silencio, la ausencia de quien se fue porque no tenía razones para quedarse.
Un modelo de la despoblación como emergencia, no como estadística. El 21 % de los aragoneses vive en riesgo de pobreza o exclusión. Pero mientras los informes hablan de "índices", en Albalate del Arzobispo una mujer de setenta y dos años recorre cuarenta kilómetros para ver a un médico que viene un martes al mes. Eso no es un dato: es abandono con nombre y apellidos.
El problema no es solo aragonés. Es un sistema que reparte como si todo fuera una tarta que siempre se corta desde el mismo lado. Esa lógica ya la abordé desde otro ángulo en Una tarta que explica mejor el sistema que muchos discursos.
Cierre de la Parte 1
El debate no debería ser cómo imitar a Madrid, sino cómo evitar convertirse en el siguiente espejo roto, como lo fue Extremadura.
La pregunta para Aragón —y para cualquier territorio que se mire en este reflejo— es más profunda que un programa electoral: ¿quiere ser una sucursal o quiere ser?
Mañana, en la segunda parte: los partidos que hablan desde el territorio, la trampa del voto como moneda de cambio y el sentido —incómodo pero necesario— del silencio en las urnas.
Lee: Aragón: elegir entre ser o imitar. Reflexión antes del 9-F (II)
Este texto dialoga con «Cuando más del 60% se queda en casa», publicado previamente en En Voz Baja.
— José
— en voz baja
