Aragón: elegir entre ser o imitar. Reflexión antes del 9-F (II)

06.02.2026

Segunda y última parte de la reflexión desde Canarias sobre las elecciones en Aragón y el espejo de la España rural. Aquí el foco se desplaza del territorio al voto, en un contexto de despoblación y dilemas mal planteados.

El problema no es solo a quién se vota, sino desde dónde se piensa el voto.

Los escaños se reparten por provincias. Zaragoza y Teruel eligen un número distinto de diputados. Y, sin embargo, el voto suele emitirse en clave nacional. El 9-F no se decide en Madrid. Se decide en Aragón


Las fuerzas con raíces: la paradoja cruel

No idealicemos. Los partidos con raíces propiamente aragonesas no son salvadores. Son imperfectos, limitados y, a veces, contradictorios. Pero tienen algo que los partidos estatales no pueden fabricar: hablan de aquí porque viven aquí. No bajan de Madrid para hacer campaña. Desayunan en el bar de su pueblo antes de ir a trabajar.

La paradoja es cruel: quienes más hablan de Aragón suelen ser quienes menos votos obtienen. ¿Por qué? Porque el voto aragonés se ha convertido en moneda de cambio para resolver conflictos en Madrid. El adelanto electoral no se decidió por los doscientos nueve pueblos de menos de cien habitantes, sino para debilitar equilibrios en la Moncloa.

Y los aragoneses lo saben. Por eso muchos callarán el 9-F. No por apatía, sino por dignidad herida. Porque cuando tu voto sirve para resolver guerras ajenas, votar deja de sentirse como un derecho y empieza a parecer una traición a uno mismo.

«Votar no es elegir al "menos malo". Votar es decir: "Aquí estoy. Este es mi pueblo. Esto es lo que quiero".»

El voto como acto de resistencia (no de resignación)

Si una fuerza obtiene la llave de gobierno, que gobierne. No por ideología, sino por respeto al voto. Los cordones sanitarios no protegen la democracia: la vacían de sentido. Cuando se excluye a fuerzas después de las urnas, no se margina solo a un partido. Se margina a Fermín, que votó porque nadie había nombrado su pueblo en veinte años; a Mariano, el panadero que cerró su horno por falta de relevo; a Pilar, que aún cría ovejas a los setenta mientras el médico viene un martes al mes.

La verdadera defensa democrática no es excluir, sino vigilar, fiscalizar y debatir con argumentos. El cordón sanitario no es una barrera protectora: es una incubadora de resentimiento. Porque cuando el voto se neutraliza en un despacho, la próxima vez no habrá voto: habrá silencio. Y el silencio, en democracia, es una muerte lenta.

El espejo que aún no se ha roto

Extremadura fue el espejo roto: más del 60 % de abstención no fue apatía, sino el síntoma de una herida democrática. Aragón todavía puede elegir otro camino. No desde la ilusión, sino desde la claridad. No somos una sucursal de Madrid ni un laboratorio para mayorías nacionales. Somos el agua del Ebro, la lengua de Bielsa, el tren que no llega a Canfranc.

El 9 de febrero no se decide solo entre izquierda y derecha. Se decide entre ser o imitar. Entre votar desde el arraigo o desde el enfado. Entre exigir que se nos escuche o aceptar que otros decidan por nosotros.

Aragón aún está a tiempo de recomponer el espejo. Con menos ruido, con más raíces y con una pregunta sencilla que no se responde en Madrid, sino en cada pueblo que todavía resiste.

José | — en voz baja · 6 de febrero de 2026


📌 Lee la primera parte: "El mapa engorda, el alma se desangra" (Art. 4 de la serie).

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