El primer mes
Veinte días después de publicar Ventanas de Luz, sigo sin poder describir exactamente lo que ha pasado. No porque no haya pasado nada. Sino porque lo que ha pasado no tiene el nombre que yo esperaba.

Ventanas de Luz salió el 14 de julio.
Veinte días después, me cuesta describir exactamente lo que ha pasado. No porque no haya pasado nada. Sino porque lo que ha pasado no tiene el nombre que yo esperaba.
Pensé que publicar un libro de memorias sería, sobre todo, un acto de cierre. Escribir para dejar constancia. Para que quedara. Y luego seguir.
Pero no es eso lo que ocurre.
Lo que uno no espera
Lo que ocurre es que, cuando el libro llega a manos de alguien que te conoció de otra manera —o que no te conocía en absoluto—, algo que tú creías haber guardado para siempre vuelve a estar vivo. No en ti. En ellos.
Una persona me dijo que lo leyó en dos días. Otra me mandó un audio en catalán de tres minutos donde solo hablaba de amor. Un tercero me escribió que había encontrado en mis páginas algo que llevaba años buscando sin saber qué era.
Yo tenía miedo de dar pena.
Ese era mi miedo mayor: que alguien leyera Ventanas de Luz y sintiera lástima. Por el niño que emigró. Por la familia que dejó el pueblo. Por los años que tardamos en aprender a vivir entre dos sitios.
No sintieron pena.
Vieron lo que hay. Que es amor.
Lo que aprendí
Con los años he aprendido que escribir memorias no es rescatar el pasado. Es construir un puente entre quien fuiste y quien te lee. Y ese puente, una vez tendido, ya no es solo tuyo.
Claro que no todo el mundo lo entiende igual. Claro que hay lectores que se quedan en la superficie y otros que entran hasta el fondo. Así funciona la literatura. Así funciona cualquier conversación verdadera.
Pero lo que aprendí en este primer mes es algo que no me habían dicho en ningún sitio: que publicar un libro de memorias no es acabar de escribir. Es empezar a escuchar.
Y escuchar es, quizá, lo más difícil y lo más hermoso de todo esto.
En Voz Baja · José Moreno Robledillo
Un espacio para detenerse
Escribo sobre memoria, raíces y los lugares que nos definen. Sin urgencia. Sin trincheras. Con el tiempo que merecen las cosas.
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