La diplomacia del espectáculo

13.05.2026

crónica de un temor selectivo

«Durante años nos vendieron que China era el enemigo. Hoy Trump aterriza en Pekín acompañado de quienes más necesitan hacer negocios con ese enemigo.»


Hace apenas unas semanas, cuando Pedro Sánchez viajó a Pekín, parte de la prensa y de la política española activó todas las alarmas. Se habló de deslealtad, de cesiones peligrosas y de riesgos estratégicos. Parecía que sentarse a dialogar con China equivalía poco menos que a cruzar una frontera ideológica.

La palabra «miedo» apareció una y otra vez. Pero casi nadie explicó con claridad a qué exactamente debíamos temer.

En aquellos días, la información dejó paso al espectáculo. La política agitaba y muchos medios amplificaban. El mensaje era claro: cuidado con China.

Hoy la escena se repite, pero con otros protagonistas.

Donald Trump aterriza en Pekín acompañado de Elon Musk, Tim Cook, Larry Fink, Jensen Huang y buena parte del poder económico y tecnológico estadounidense. Junto a ellos viajan responsables de Defensa, Estado y Tesoro.

La fotografía ya no habla de ideología. Habla de dependencia mutua.

Washington necesita negociar. China también. Hay intereses económicos, tecnología, tierras raras, Oriente Próximo y estabilidad global sobre la mesa.

Y, sin embargo, el clima mediático ha cambiado por completo.

No hay grandes alarmas. No hay editoriales incendiarios. No hay discursos sobre traición estratégica.

Hay silencio.

O, como mucho, fotografías del protocolo y comentarios sobre el menú del banquete.

Y quizá ahí esté lo verdaderamente importante.

No en Trump. No en China. No en Sánchez.

Sino en cómo se construye el clima emocional que consumimos cada día.

Porque lo que hace apenas unas semanas parecía peligrosísimo, hoy se presenta como normalidad diplomática. Lo que ayer generaba miedo, hoy genera comprensión.

La diplomacia del espectáculo funciona muchas veces así: primero se exagera el conflicto, después se alimenta el temor y finalmente se negocia discretamente aquello que nunca podía romperse del todo.

Pero cuando cambia el actor principal, cambia también la intensidad del relato.

Y yo, que llevo años observando estos cambios de temperatura mediática, me pregunto cuántas veces hemos reaccionado al titular en lugar de al hecho.

No escribo para defender a unos ni para atacar a otros. Escribo para hacer una pregunta sencilla:

¿El problema era realmente China… o quién tenía permiso para viajar allí sin provocar alarma?

En Voz Baja

José Moreno Robledillo - mayo 2026

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