El exterminio moral

25.05.2026

"HAY QUE ESTAR MUY PODRIDO MORALMENTE." "LA CORRUPCIÓN ES PEOR QUE LA MAFIA."

Y entendí algo.

Llevamos tantos años escuchando palabras así que hemos empezado a normalizar un lenguaje que no busca convencer, sino destruir moralmente al adversario.

No se habla de errores. Ni de responsabilidades concretas. Ni siquiera de delitos que deba decidir un juez.

Se habla directamente de podredumbre humana.

Y cuando un país convierte la política en un combate de exterminio moral, algo empieza a enfermar por dentro.

Porque después de escuchar durante años que vivimos en una dictadura, en un narcoestado, en una mafia peor que la mafia… uno acaba viviendo enfadado incluso antes de desayunar.

Pero lo más grave no es solo que esas palabras se digan contra un presidente o contra un gobierno. Lo grave es que también se lanzan, de forma indirecta, contra millones de ciudadanos que votan distinto, que piensan distinto o que simplemente no participan de esa furia.

Ahí ya no se intenta debatir.

Se intenta humillar. Enrabiar. Empujar al desprecio y al odio.

Y me pregunto algo muy sencillo:

¿Puede representar a todo un país quien necesita llamar podrida, mafiosa o degradada a la otra parte de ese mismo país?

¿Puede aspirar a gobernar quien lleva años diagnosticando que este país se destruye, pero no convierte ese diagnóstico en propuesta real, en proyecto alternativo, en algo que defender ante el país y ante los ciudadanos?

Si de verdad cree que cada día este país se hunde, ese es su trabajo.

No inyectarnos odio. No convertirnos en rehenes permanentes del malhumor. No convertir la vida pública en una trinchera emocional permanente.

Escuchando ciertos discursos, siento que no me representan.

No quiero vivir odiando. No quiero llamar podrido a quien piensa distinto. No quiero convertir la política en una religión donde unos son santos y otros demonios.

La democracia puede estar enferma, sí.

Pero no se cura alimentando el odio.

Y ningún líder puede representar dignamente a un pueblo que se respeta a sí mismo si necesita sembrar desprecio constante para mantenerse en pie.

Ese quizá sea el verdadero triunfo del odio:

convertir el malhumor permanente en forma de vida.

Y entonces ya da igual quién gobierne.

El ciudadano termina emocionalmente secuestrado.

En Voz Baja

José Moreno Robledillo - mayo 2026 

Share