Recortes y cenizas
Hace unos días publiqué De incendios y villanos. Hoy lo traigo de nuevo porque la realidad lo confirma.

No es un eslogan. Es una forma de mirar el mundo sin gritar.
Escribo para entender.
Aquí pienso despacio sobre lo que importa: memoria, vida vivida y presente.
Si estas palabras acompañan a alguien, ya habrá valido la pena.
Jose Moreno Robledillo
Hace unos días publiqué De incendios y villanos. Hoy lo traigo de nuevo porque la realidad lo confirma.
El trabajo puede terminar en un papel. La identidad tarda más en recolocarse.
Refugio, mar y luz.
Un árbol en casa y el deseo de lo esencial.
Este texto no es un resumen ni un balance, sino una forma de ordenar lo escrito y lo vivido a lo largo de 2025.
No se trata solo de una persona, sino de una manera de ejercer el poder: como un reparto a la vista de todos.
Hay diagnósticos que no se formulan solo con datos ni con grandes discursos. A veces se revelan en una imagen.
Si estas palabras te han acompañado, quizá quieras seguir leyendo. O compartirlas.
Juan es nieto de José Chinea Dorta, un hombre que emigró a Cuba y que supo vivir sin perder la raíz. Tenía el don de escribir décimas como quien conversa. No para lucirse, sino para decir lo que dolía o lo que alegraba.
Estas décimas son obra de Juan Dorta, maestro, gomero, un hombre de pueblo que ha sabido transformar la vida cotidiana y la memoria en versos.
Hay puertas que no se abren con llaves, sino con memoria. Esta es una historia pequeña —de piedra, silencio y frontera— que sigue hablándonos al pasar. Porque detrás de cada muro que resiste, hay algo que todavía nos está esperando.